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miércoles, 26 de octubre de 2011

La Cripta de la Colonia Güell:

Antoni Gaudi

La cripta de la iglesia de la Colonia Güell, a solo 20 km. Del centro de Barcelona, es la única parte que el genial arquitecto llegó a construir de un proyecto mucho más ambicioso: una iglesia monumental cuya concepción le llevó más de diez años y que sirvió de campo de pruebas para su gran proyecto, la también inacabada Sagrada Familia.

Mientras en el Parque Güell y en La Pedrera centenares de turistas se disputan los mejores ángulos para inmortalizar las sensuales curvas de los edificios de Gaudí, me encuentro admirando las tortuosas columnas de la cripta de la Colonia. Al contrario de lo que sucede con la mayoría de las obras del genio catalán, convertidas en parques temáticos del modernismo, la cripta es un edificio vivo en el que se ofician misas y bodas.

Pero antes de recorrer el recoleto espacio de la cripta me doy una vuelta por el barrio, construido por el industrial Eusebi Güell a principios del siglo XX con el propósito expreso de alejar a sus obreros del anarquismo que sacudía la Barcelona de la época.

La Colonia Güell tenía su propia escuela, un mercado, una casa club y, la joya del recinto, la iglesia de Antoni Gaudí. A cambio de estas prebendas Güell obtuvo la férrea fidelidad de sus trabajadores; tanto es así que un siglo después la mayoría de los habitantes son sus descendientes o los propios trabajadores jubilados, de la gran fábrica textil que cerró sus puertas en 1973.

Dirigiendo los pasos hacia la loma que corona el oeste de la colonia. En medio de un pinar vislumbramos las columnas de la entrada a la cripta casi mimetizadas con los pinos que la circundan. Gaudí –me cuenta el guía-quiso mimetizar el edificio con la naturaleza, así que se inspiró en los árboles de alrededor para diseñar las columnas. Pero ¿cómo es posible que esas columnas sostengan el peso del techo y, sobre todo, cómo hubieran podido sustentar el peso de la iglesia, nunca construida, que se hubiera levantado 40 metros por encima?

La clave está en el imaginativo cálculo de estructuras realizado por Gaudí y que se explica minuciosamente en el centro de interpretación de la colonia. El arquitecto inventó para la ocasión un obvio método revolucionario: construyó una maqueta invertida del edificio y determinó la capacidad de arcos, columnas y muros en función de las curvas formadas en estructuras blandas por pequeños pesos. En otras palabras, dejó que la gravedad diseñara la forma de los arcos.

El método -que luego aplicaría también en la Sagrada Familia- era preciso y audaz. Tanto que los maestros de obra que levantaron la cripta preferían no estar debajo de los techos cada vez que había que remover un andamio. Aquello no se podía sostener. Pero lo hizo desafiando los preceptos de la arquitectura tradicional.

En 1914, y tras casi 14 años de dedicación a la iglesia de la Colonia Güell, Gaudí abandonó los trabajos. Aunque se ignora el motivo que le llevó a tomar esta decisión, todo indica se acabo la financiación; el mecenas, envejecido y debilitado, no pudo defender la finalización de la obra frente a sus hijos, que decidieron dedicar todos los recursos de la factoría a producir textiles para las potencias beligerantes en la Primera Guerra Mundial que estalló aquel año y en la que España fue neutral.

El cálculo de los Güell fue tan pragmático y poco atinado. Si bien la empresa familiar se benefició del comercio durante aquella violenta contienda, privaron al arte de una obra única: una iglesia monumental de la que solo llegó a levantarse la primera planta. La fábrica cerró en 1973, pero en 2011 los visitantes siguen acercándose a la Colonia Güell para contemplar esta pequeña maravilla que es la cripta de Gaudí.

jueves, 20 de octubre de 2011

Regrese:

Después de 6 semanas de ausencia estoy de vuelta con mucho material e inspiración para escribir, reseñar pero principalmente crear arte…

Roma y sus rimbombantes espectros:

Apareció en el Coliseo un espectro. Era Michael de Montaigne. Miró a su alrededor y, viéndose solo, murmuró: - Italia es un buen país para los perezosos, pues todo mundo se levanta tarde. Entonces aparecieron dos luces: Edward Gibbon y, a su lado, Estrabón. Cuando se acercaban a Montaigne, Gibbon tropezó con una piedra. -¡Qué bárbaros los romanos comparados con los griegos! -¡Qué dices! -respondió Estrabón-. La prudencia romana se aplicó a cuestiones a las que los griegos prestan poca atención, como pavimentar los caminos o construir alcantarillas -De poco sirvió, porque todo lo que se fortifica será atacado, y todo lo atacado puede ser destruido. -Pues recuerde las palabras de Veda: Mientras el Coliseo esté en pie, existirá Roma; cuando caiga el Coliseo, caerá Roma; cuando caiga Roma, tras ella irá el Mundo.

Mientras hablaban, iban brotando luces de genios de la literatura cada vez más numerosos (¡ahí aparecía Rilke, sentado en la grada; allí Mellville, a lomos de una ballena transparente; en la arena, Henry James acompañando a Goethe y seguido de cerca por Stendhal, Dickens y Chateaubriand!). Al poco tiempo, la arena central del Coliseo era un bullicio de fantasmas contentos de verse, pero recelosos todavía. Fue Goethe quien dijo a los demás: -Cuidado. En mis tiempos vivía aquí un ermitaño, y en las ruinas se cobijan los mendigos. Mirando alrededor exclamó más aliviado: -Es tan grande que, al verlo, no cabe su imagen en el alma: la tenemos presente, pero empequeñecida. -Me parece -apuntó Dickens- la visión más impresionante, señorial, solemne y lúgubre que se puede concebir. -Pero fijaos -se lamentó Gibbon- cómo está. ¡Qué poco queda! Cuando yo lo visité en 1764 ya estaba saqueado. Todo lo valioso, las estatuas de los dioses y héroes y los costosísimos adornos de las esculturas se convirtieron en la primera víctima de la conquista o el fanatismo, de la avaricia de los bárbaros o los cristianos.

-Durante diez siglos -se lamentó Stendhal-, el Coliseo ha constituido la vasta cantera para disfrute de los grandes de Roma, de donde salían los materiales para construir las monumentales estancias de los poderosos. Todos los palacios posteriores han nacido de piedras arrebatadas al Coliseo. Por suerte, Pió VII construyó un contrafuerte que le asegurara una larga existencia.

Hablaba ahora la temblorosa calavera de Tobias Smollett. -El saqueo es algo común. Urbano VIII retiró las grandes vigas de bronce que sostenían el tejado del pórtico del Panteón. Sirvieron para las columnas de la basílica de San Pedro y para varias piezas de artillería. Entonces, el irónico Mark Twain soltó una carcajada de vapor azul: -¡Que se lo saquen todo! El Coliseo parece sombrerera inclinada, con ventanas y con un lado mordido.


Pero nadie se rió. Es más, le miraban gravemente. Un poco nervioso, al fantasma de Twain se le transparentó el esqueleto mientras mascullaba: -De acuerdo en que es el monarca de todas las ruinas europeas. Y lo tienen más limpio ahora que antes. Cuando vine, colgaban parras y en medio de los arcos salían árboles y arbustos. Pero con las cosas macabras que han ocurrido aquí, ¡que reine en su monstruosa estructura este impresionante silencio y que los lagartos tomen el sol en el sagrado asiento del emperador!

Una brisa de viento trajo la risa (la antiquísima risa) de Montaigne, que había permanecido en silencio, casi invisible, abrigado en una sombra puntiaguda. -¡Parras y arbustos! ¡Bah! Cuando yo vine debía ser el año 1581. Las montañas y cuestas habían cambiado mucho desde la Antigüedad. Por la altura de muchos lugares caminábamos sobre el tejado de casas enteras. Todo cuanto vemos hoy estaba enterrado, y de Roma no había sino el cielo bajo el cual estuvo asentada y la planta de su construcción. En mis tiempos un antiguo romano no podría reconocer la ciudad si la viese. ¡Y pobres excavadores los de entonces, los primeros! Después de haber removido bien a fondo en la tierra, no se llega más que a encontrar la parte de arriba de una columna muy alta. No se buscan al excavar los cimientos de las casas, sino la techumbre.

Todos habían escuchado con respeto al gran Montaigne, y fue Smollett quien se atrevió a continuar: -Hasta Alejandro VII, el nivel del suelo había ascendido tanto que cubría parte del Panteón, y había que descender algunos escalones para llegar al pórtico. ¡Y, sin embargo, fue una gran decepción ver el templo que, a pesar de todo lo que se ha dicho de él, parece un corral de gallos de pelea abierto por el techo! Pero tampoco le salió la broma al gusto de los otros, como había ocurrido a Twain. Chateaubriand, queriendo romper el hielo, dijo: -No tratemos de quitar fuerza al Panteón, pero hablemos de otro templo si ustedes lo prefieren. Roma lleva la marca de la Italia Medieval y la Antigua: si la Moderna levanta su San Pedro, la Antigua le opone su Panteón y todos sus restos. ¿Qué les parece San Pedro?

-¡Ah!, San Pedro -relinchó Henry James-. Uno cree que ha aprehendido su totalidad, pero se expande, se eleva sublime más allá todavía y empequeñece nuestra medida. Es una exaltación de la idea misma del espacio, de modo que cuando uno entra, parece que en realidad está saliendo a un espacio abierto. Te empequeñece hasta convertirte en una mota que se arrastra sobre el suelo. -Joven -sermoneó Dickens-, en la distancia, San Pedro parece enorme, pero, en comparación, es más pequeña al verla de cerca. Y Twain, con ganas de gresca, añadió: -Ni siquiera parece más grande que el Capitolio, pero sí que lo es. Más grande y menos hermoso. Pero hablando del tamaño, conozco la anécdota de un regimiento de diez mil soldados que entraron allí a oír misa y, cuando llegó el oficial, no los vio y pensó que no habrían llegado.

Pero el poeta Goethe zanjó así la cuestión del tamaño con su voz melodiosa: -En San Pedro he comprendido que el arte, como la naturaleza, puede superar cualquier comparación. Me siento tan arrebatado por Miguel Ángel que ya no sé disfrutar de la naturaleza, porque me reconozco incapaz de verla con sus grandes ojos. -¡Miguel Ángel! Nunca me sentí tan agradecido como el día que me enteré de que había muerto. ¡Todo lo hizo él! ¡Parece que el Creador hizo Italia entera siguiendo sus diseños!

En aquel momento, la ironía de Twain casi entra en guerra con el apasionamiento dramático de Goethe. Pero, finalmente, la aurora disolvió aquel concilio fantasmal. Más justo antes, se escuchó la voz del tímido Melville, que decía: -Al entrar en Roma saludan al visitante miles de estatuas que, como representantes de un pasado poderoso, alargan sus manos hacia el presente y conectan los siglos. ¡Adiós, Ciudad Eterna! ¡Hasta siempre!

[Gracias]

viernes, 27 de mayo de 2011

martes, 22 de febrero de 2011

Sobre el pensar de un actor:

Indudablemente los artistas no podemos ver la vida como los demás, ni siquiera tenemos la capacidad, nuestro horizonte esta expandido, nuestros sentidos dilatados, nuestra percepción alterada constantemente. ¿Quién no se ha sentido perturbado ante la fría y desmembradora mirada de un artista plástico?, en el caso del actor todo se traduce a acción, ¿Cómo ve la vida un actor? , ¿Cómo piensa la vida un actor? En la acción, creo yo; el pensar de un actor de funda en la acción. ¿Cómo es esto?, pues fácil, en mi experiencia he pasado mucho tiempo intelectualizando lo que me pasa, o simplemente aprendiendo mas por los métodos racionales, sin embargo no es hasta que acciono todo eso que pienso que realmente mi cuerpo lo asimila, es decir, pienso que el pensar del actor se basa en algo mas visceral, en una experiencia tangible, en el procesar del cuerpo, pues.

“El ser humano esta donde su mente esta” me repitieron incasablemente en la escuela, tal vez la mente esta donde el ser humano va, pues pienso que al menos en el actor, reitero, es necesario pensar con el cuerpo. Pensar implica muchas operaciones mentales, y no solo racionalizar, creo que para un actor eso que sentimos en el estomago al estar en la escena frente a los espectadores tal ves es el mejor pensar que podamos lograr, pues estamos en ese otro horizonte llamado ficción, donde nos es posible pensar lo que queramos, por ende ser eso que queramos. La ficción es solamente mientras dura, la ficción nos permite ser a nosotros, la ficción permite a lo otro ser, la ficción es un invento humano, sin embargo existe una ficción natural, con la que yo análogo la ficción teatral: los sueños. Para mi la ficción es un sueño traído al horizonte del mundo. Es allí donde radica el pensar de actor.

Los sueños son en parte producidos por nuestra memoria, al igual que lo que ocurre sobre el escenario, en parte son representaciones de nuestros referentes, en parte son manifestaciones de nuestro inconsciente, los sueños al igual que la ficción son verdaderos solo mientras duran, y como la pasión, se consumen mientras duran, también como la ficción. Los sueños como estructura mental están situados dentro de nuestra memoria, están a su ves situados en el horizonte de otra ficción: la memoria. A diferencia de la ficción teatral, los sueños son dados, no los producimos conscientemente, la ficción artística si es consiente. Yo me cuestiono sobre un misterio aun mayor ¿Cómo crear un sueño estando despiertos?, ¿Cómo habitar un mundo onírico conscientemente? Indudablemente nuestro pensar, por lo menos de manera inconsciente radica allí. Vamos siguiendo nuestro cuerpo, que habita el horizonte que nuestra mente le dice.

Por otro lado el teatro es un arte que se fundamenta en el trabajo del actor. Si el actor falla, todo lo demás se viene abajo. Nada más importante, para quien quiera pensar algo sobre el teatro, que entender en qué consiste el pensar de un actor al interpretar un personaje. Para poder asumir la identidad y la forma de otro (el personaje), el actor tiene que aprender a dejar de ser él mismo, abandonar durante cierto tiempo su yo, valla reto, como se cuando me pienso a mi mismo, o ¿al crear un personaje retomo pensamientos universales de la humanidad?, ¿al entrar al a ficción estoy habitando ese horizonte de las grandes situaciones sin resolver de la humanidad?, ¿Toda esa responsabilidad recae sobre mis hombros en esos momentos? , ¿Es ese mi pensar? Durante la interpretación el yo social y personal del actor se borra, pasa al fondo, se retira a la penumbra de la conciencia. En su lugar aparece “otro yo” Mis pensamientos racionales desaparecen tan solo para repartirse por todo el cuerpo, es pues ese momento cuando empiezo a “pensar con las rodillas” o con cualquier otra parte del cuerpo, pues el proceso pasado, sin embargo, no anula “la conciencia de sí mismo”. Si la perdiera, se volvería loco y espantaría a los espectadores. Entonces, tengo que ser capaz de guardar mi “pensar “donde mas lo necesite dependiendo del horizonte que este habitando. El teatro te lo pide todo, al grado de anular mi conciencia. Indudablemente porque dentro de nuestro pensar nos faltan algunas respuestas todo es para conseguir un momento de verdad sobre la escena, irónico, si se piensa que somos mentirosos profesionales. El actor se desprende de sí mismo y se arroja a lo desconocido, pero con control, el pensar del actor es pues, la única ancla que nos mantiene unidos al a realidad.


Y sigo refiriéndome a “el pensar del actor” no como un proceso de racionalización o interpretación, si no mas bien a un estado perceptivo alterado en relación con los demás humanos. En escena el actor es, ante todo, “un ser que siente”. Sentir no es lo mismo que emocionarse. El discurso sobre las emociones, como si éstas fueran la esencia del teatro, no tiene en cuenta esta distinción fundamental. Diderot frente a Strasberg. Me quedo con Diderot. Ese sentir para mi es el pensar, el pensar de un artista, el pensar de un artista de la acción. Para que un actor pueda ocupar el lugar del personaje tiene que dejar espacio en su mente y en su cuerpo para que ese “ser etéreo” y ficticio se encarne, se haga visible. El personaje viene del “más allá”, es “un aparecido” que no tiene cabida mas que en el espacio del inconsciente que el actor despeja de su mente, de su pensar.
Así en el actor, esto sucede al desplazar su yo hacia un rincón de la conciencia, algo nuevo e imprevisible surge: la mirada del actor se libera, la voz del actor se libera, el gesto del actor se libera, el cuerpo del actor sigue su propio impulso creativo. Su mente se libera, su pensar vuela.




©Enrique Marín

martes, 2 de febrero de 2010

Lo que no te conte:

Hace mucho tiempo que nadie pregunta por mí. Me lo dijo Don Temo cuando regresé y no tenía por qué mentir. Preguntó por mi mujer. Le dije que estaba bien para no entrar en explicaciones. Me costó mucho regresar aquí, sentía no sé qué de encontrar el depa vacío. La verdad es que no la he podido olvidar. Tenía un carácter muy difícil, estaba acostumbrada a hacer lo puro que se le daba la gana, nunca tuvo freno; yo al contrario, siempre he sido igual. “Tu, de veras – me decía- que ni hueles ni apestas.” Porque me daba igual ir al cine o a bailar, comer tacos o hamburguesas. Y me daba lo mismo porque estaba con ella, pero eso nunca se lo dije. Yo sabía que a veces me tenía miedo. Cuando despertaba y yo estaba viéndole de muy cerca los vellitos del cachete, se asustaba mucho. Nunca he sabido expresarme. Si hubiera podido decirle cómo era su risa, ella habría entendido qué tanto me gustaba oírla, verla contenta. Nunca pude decírselo y eso que por su risa y por su cuerpo me fui con ella.

Hace mucho tiempo que no había venido aquí. Todavía está el refresco que dejé destapado, las dos tazas. Supongo que el hecho de no tener familia le hizo mucho daño. Era huérfana y por eso no sabía qué estaba bien y qué estaba mal. La última vez que la vi, estaba dormida. Sentí alivio porque toda avenida Coyoacán de camino a casa había estado pensando que la iba a encontrar con alguien en mi cama. Me quité los zapatos y me acerqué a gatas para olerla, oler las cobijas, para saber si había estado con alguien. Como siempre se asustó conmigo cuando abrió los ojos y empezó a insultarme. Entré a la cocina para tranquilizarme y ella entró mucho rato después. No podía quitarme de la nariz el olor de las cobijas. Como para arreglar las cosas me preguntó si quería un café; tenía agua hirviendo en la estufa. Ni siquiera sentí lo caliente de la olla cuando le eché el agua a la cara.

He tenido mucho tiempo para pensar en mis actos. No me arrepiento. En el fondo lo hice para que nadie la volteara a ver, para que nadie quisiera tocarla. El doctor dice que no va a quedar bien. Me voy a tener que tragar mi orgullo y mañana la voy a buscar para pedirle que regrese a casa. Creo que soy capaz hasta de hincarme si me lo pide. Algo me dice que sí va a volver y va a tener que entender que estando así, toda quemada, yo soy el único que la puede querer todavía.

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martes, 20 de enero de 2009

El ayer..



 Voy a extrañar a Aniceto Ortega.


Hola, hace mucho que no te veo, me tienes muy abandonado, te escribo para saludarte ¿Cómo estás? Espero que bien, ¿sabes? Realmente voy a extrañar a Aniceto Ortega, nunca creí que me doliera tanto, pero ahora no quiero que pasen los días para poder vivir un poco más , es que Aniceto Ortega es tan perfecto, y ahora nos vamos a separar, los lugares que frecuentábamos: el Cinemex, el Cinepolis, el Chedraui, el cafecito, el metro, el parque donde iba a correr, el gimnasio que pague y nunca fui, el Starbucks, las colegialas de la uni de enfrente, los seven eleven, el billar, la tienda de comics, la panadería, el zapatero, la funeraria, la señora de los tamales de la esquina, los puestos de maleantes, los tacos del sábado, los tacos de a diario, el Burguer King, el restaurant chino, la fonda argentina, la iglesia donde están las cenizas de mi abuela, los departamentos que siempre envidie, los camiones a Coyoacán, el mercadito, el Waldos, las copias de 20 centavos, la paletería de los nachos pasados, la farmacia donde compramos las vendas para hacer las mascaras, la señora que siempre me saluda en las mañanas, las hamburguesas de la esquina, tantos lugares, tantos recuerdos, no creí que me encariñara tanto, pero indudablemente me duele mucho más los pequeños detalles...


Mi cama, la cama donde dormimos juntos por primera vez, la cama donde dormimos juntos por última vez, la cama donde hicimos el amor la primera vez, la cama donde peleamos la ultima vez, mis paredes con tus fotos y los dibujos de Valentina, mi jarrota de agua, mi buró, mi puerta llena de fotos, mi ventana, mi bañito de agua fría, mi almohada que recibió tantas lagrimas, mi almohada que recibió tantas sonrisas, el borreguito que está en la pared que tu descubriste, el colchón que aún conserva tu silueta, la cortina que dejaba entrar la luz, los mil y un seres que se me visitaban por la noche, pero tal vez lo que más extrañe es tu risa en Aniceto Ortega…al igual que las paredes hay muchas cosas que no puedo llevarme conmigo, se quedan con Aniceto Ortega, realmente duele, ya perdimos hace algunos meses ese otro lugar donde nos fundamos, solo nos quedaba Aniceto, ¿qué triste no?, ahora ya no va a quedar nada de lo que nos unía, las paredes se quedan, y entre ellas nuestra historia.

Bien dicen que los cambios son buenos, pero creo que ya han sido demasiados cambios en mi vida, no quiero dejar a Aniceto Ortega, nunca nos echamos una caguama juntos, quisiera ir para adelante, y no para atrás….pero bueno es hora de despedirnos, le doy saludos de tu parte, Aniceto también dice adiós, no me queda más que contestarle: Adiós Aniceto Ortega, te voy a extrañar mucho, casi tanto como la extraño a ella.


©Enrique Marín

domingo, 20 de julio de 2008

SID Sings:





SID Sings
and the Commodore 64 massive represent:


It´s 1989 and you´re settled down in your room playing California Games on your Commodore 64. Between rounds of computer hacky sack and surfing, you absentmindedly think, this music is totally cool. I wish I could have it on a record. Flash forward to 2008. You´re at bar in Coyoacan, drunk, wondering what became of that little kid inside you, the one who had hope up the ass crack (you wanted to be an astronaut, remember?)
Suddenly, the DJ drops a strangely familiar tune. You´re caught off guard until you suddenly realize-it´s the song from California Games! And wait there´s the song from your other favorite game, The Adventures of Bayon Billy. Except they´re different-the melodies are the same, but everything is a little harder and cooler, like an instant replay of your childhood dreams after a bump of coke. The next day, you enroll in Spaceship Architect College.
You can thank the Commodore 64 music fetishist underground. Predominantly Northern European, this cabal of fanatics is devoted to the compositions and possibilities of that dinosauric home computer and, more specifically, the SID sound chip that lived inside it. At the vanguard of SID fever is the musician who launched a thousand laptops. Along with a cohort known only as Brotha P Touch, I found surfing on internet a released house-party mix of SID-made tracks on the Tigerbeat 6 label.
This our-long CD, featuring artist with names like Cock Norris and Fantastic Zool, is the sound of an acid house rave on the motherboard of a Commodore-cute and familiar video-game sound matched with punishing techno sensibilities. The overall effect is image of a shirtless Super Mario waving glowsticks while Pac Man, rolling his ass off on him, discovers his bisexuality in a bathroom stall. Now how´s that for hope up the ass crack??? Viva lo kitsch.

lunes, 14 de julio de 2008

Polis en el parque españa:



Entonces yo vivía sobre Nuevo León, en La Condesa, al lado de una escuela de tae-kwon-do y enfrente del Parque España. Había empezado a correr todas las tardes hasta las 7 u 8, y como siempre pasa, pues enseguida conocí a otra gente que también salía a correr. A mí me gustaba una que trabajaba en el Starbucks de la esquina, junto al restaurante argentino. Salía de su chamba a correr un rato sola, tenía algo de medio mamona y no siempre la podía acompañar. Flaquita, pelo corto, morena, estaba preciosa y claro que la seguía mientras corría. Pero una vez me di cuenta que, así como yo seguí a a esa chava, alguien me seguía a mí. Era una chava alta, de pelo negro corto y lacio, con un poco de maquillaje. No era tan delgada como la otra, se veía que salía a correr para bajar un poco de peso. Y por donde yo iba, ahí tenia a la tipa atrás mío. Así habremos estado una semana, o más. Cada tarde, antes de salir, ella se cruzaba en mi cabeza. No era que me gustara demasiado, pero me excitaba la idea de acercarme y perdernos en algún rincón. Al final ya tenía vistos todos los lugres del parque en los que no habría problema. Y un día, cuando ya más o menos estaba decidido a encararla, la vi sentada debajo de un árbol. Traía un pantalón gris de esos súper ajustados de licra y una playera blanca. Estaba agitada, más guapa que cualquier otro día.
Nos presentamos, vi que una sonrisa le iluminó la cara y nos fuimos a caminar. No podría decir cómo ni por qué, pero la noche estaba riquísima y pareció natural que nuestras manos se acercaran. No soy de hacer estas cosas y nunca me pasan (aja). Fue extrañísimo, como un sueño. O a lo mejor es que ella también lo había pensado y, con la misma intención, había visto los mismos lugares que yo. No era muy tarde, no sabría decir qué hora era, sólo recuerdo que por Nuevo León salían los alumnos de la escuela de Tae-kwon-do. Nos ubicamos detrás de los juegos de los niños, y la besé apenas nos sentamos. Dos minutos después ella me bajó el pantalón y acercó su boca. Todo hubiera sido de película si justo en ese momento no hubieran aparecido dos polis. Nos pusieron de pie, y por separado nos preguntaron de dónde nos conocíamos, qué habíamos estado haciendo, y los nombres del otro. Nunca en mi vida había estado tan nervioso. Enseguida nos calmaron y explicaron que había muchos asaltos y junkies en el parque, y que tuviéramos cuidado con los que hacíamos. Les di 100 pesos y, así como llegaron, se fueron. Pero nosotros nos quedamos paralizados, y nos despedimos con un beso frío. Llegué a casa tan asustado, que los gritos de la escuela de tae-kwon-do me parecieron celestiales por primera vez. Al día siguiente volví a correr, pero a ella nunca más la vi. A la que sí me encuentro es a la otra, la mamona del Starbucks. Y a los mismos polis, que se ríen cada vez que me saludan.

 

viernes, 20 de enero de 2006

Cantinas:



Es tras las puertas de los baños de las cantinas que se puede respirar en la frontera entre la lucidez y el sueño. Con hielo en lugar de agua corriente, es delante de los mingitorios que los borrachos se preguntan cosas vitales para la existencia, como “¿estoy realmente ingenioso esta noche o simplemente los demás están al borde de un derrame cerebral?” o “¿por qué el tipo de junto me ha llamado varias veces por un nombre que no es el mío?¿O si es mi nombre?”. En ese lindero nació , por ejemplo , mi pesadilla recurrente: cuando salgo del baño, no sólo mi mesa esta vacía, sino que los meseros están mudándose de ropa, mientras me avisan que todo fue una representación teatral, que todos los borrachos eran actores bebiendo agua, y que los amigos que estaban conmigo fueron contratados.



Enrique Marín

domingo, 15 de enero de 2006

Con la lluvia ellos se esconden en la oscuridad:


Una tarde lluviosa de septiembre, salí de la panadería sin paraguas. La lluvia era tan intensa que mi bolsa de pan se mojo, se rompió, y ocho piezas de pan cayeron a un charco inmundo. Resignado, volví a entrar a la panadería para recomprar todo. Cuando salí, el pan del charco había desaparecido.